viernes, 30 de septiembre de 2011
sábado, 19 de junio de 2010
MANCO INCA
Manco Inca fue, así como Huáscar y Atahualpa, uno de los varios hijos principales que tuvo Huaina Cápac. En 1533, contando aproximadamente con 18 años de edad, se presentó ante Francisco Pizarro, quien lo reconoció como soberano y luego procedió a utilizarlo como inca títere durante tres años. A lo largo de este periodo, “… el joven Manco se esforzó por desempeñar del mejor modo posible su papel de inca fantoche, subordinado a los españoles. Pero esta actitud, en vez de granjearle el aprecio de los conquistadores, dio lugar a todo lo contrario: el joven inca fue sometido a graves humillaciones y pronto perdió el respeto de sus propios vasallos, los indios de la nobleza cusqueña” (Magisterio, 2001, p. II).
Pero Manco Inca no pensaba someterse más: para librarse de la vigilancia de los españoles, excitó la codicia de estos pidiéndoles permiso para traer unas estatuas de oro macizo que se encontraban en Lares. Una vez libre, junto con el Sumo Sacerdote Uillac Umo, organizó la toma del Cusco, que daría inicio a una resistencia armada de casi 36 años de duración.
El 3 de mayo de 1536, el Cusco amaneció cercado por unos cuarenta mil hombres provenientes de las zonas adyacentes del Cusco (Vega). “Durante un año tuvo en jaque a la guarnición española dirigida por los hermanos Hernando, Juan y Gonzalo Pizarro y estuvo a punto de aniquilarla. Una acción desesperada y el apoyo de cientos de indígenas salvó a los españoles” (Magisterio, 2001, p. II).
Efectivamente, auxiliadas por Pascac Inca y sus guerreros, y dirigidas bravíamente por Hernando Pizarro, las exiguas huestes españolas retomaron “a sangre y fuego” la fortaleza de Sacsayhuamán.
Se debe mencionar que en contra de Manco Inca y sus huestes obró la falta de alimento, creencias ancestrales que los españoles supieron aprovechar (los indios no luchaban en las noches) y el mayor conocimiento de tácticas de guerra que tenían los españoles. Además, los invasores contaron con el apoyo voluntario de aproximadamente 30 000 aliados indígenas (cañaris, Chachapoyas, tarmas, huancas, Yauyos y chancas), quienes más que luchar a favor de los españoles lo hacían en contra del inca, representante de un gobierno que antiguamente los había sojuzgado o había intentado hacerlo (Del Busto, Vega).
A partir del sitio al Cusco “… comenzó una vasta rebelión que duró 8 años ininterrumpidos y abarcó desde Guayaquil hasta la zona araucana del sur de Chile.
Se sublevaron los collas del altiplano, los yungas de la costa, los antis de la montaña y principalmente, los quechuas de la sierra” (Magisterio, 2001, p. II).
Durante este periodo de resistencia “… las derrotas ibéricas (…) fueron numerosas. Podrían relievarse las infringidas a Hernando Pizarro en Ollantaytambo y a Gonzalo Pizarro en Chuquillusca; y estas batallas no constituyeron la excepción. Manco venció a diversos jefes castellanos en Pillcosuni, Curahuasi, Jauja y Yeñupay” (Vega, p. XIII).
Por otro lado, después de las derrotas iniciales debido a la mejor tecnología bélica de los españoles, Manco Inca demostró una rápida capacidad de adaptación y comenzó a utilizar en los combates caballos, corazas, cascos y espadas españolas. “Incluso llegó a formar un pequeño equipo de quechuas arcabuceros y es posible que haya sido el primer jefe indígena del nuevo mundo que usó armas de fuego contra el invasor”(Magisterio, 2001, p. II).
A partir de 1537, Manco Inca se estableció en Vitcos, territorio de Vilcabamba. La elección de la zona obedeció a consideraciones estratégicas, políticas y religiosas. Además de su difícil acceso, era la región más sagrada del Tahuantinsuyu, situada entre Ollantaytambo y Machu Picchu. Desde allí, Manco Inca organizó numerosas incursiones destinadas a destruir las posiciones españolas.
“Tratando de aprovechar los enfrentamientos entre Pizarro y Almagro, Manco Inca dio refugio a los partidarios del derrotado Almagro el joven. Esto fue fatal para el inca, pues estos españoles fueron los que lo asesinaron en 1544” (Magisterio, 2001, p. II). Tal como señala Tauro Del Pino (2001), lo hicieron creyendo que con este acto conseguirían el perdón del virrey Núñez Vela. El inca ya había sido avisado de las intenciones de los traidores, pero nunca creyó que fuesen capaces de llegar a tal extremo de ingratitud. El asesinato se dio de manera sorpresiva en medio de un juego de competencias; sin embargo, los ingratos fueron capturados antes de que pudieran huir y sus cabezas decapitadas fueron presentadas al soberano, quien todavía sobrevivió tres días.
A pesar de la muerte de Manco Inca, la resistencia indígena continuó, liderada por su hijo Titu Cusi, y a la muerte de este, por otro hijo del Inca, Tupac Amaru. Este último fue capturado y decapitado en 1572, a partir de lo cual el movimiento indígena se replegó hasta que renació con la gran rebelión de Tupac Amaru II.
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
· Del Busto, J. (2004). Enciclopedia temática del Perú. Tomo 3: Conquista y Virreinato. Lima: El Comercio.
· Magisterio, número 21, marzo 2001.
· Tauro Del Pino, A. (2001). Enciclopedia ilustrada del Perú. Tomo 10. Lima: PEISA – El Comercio.
· Vega, J. (s.f.). Manco Inca, el gran rebelde. Lima: Populibros peruanos.
sábado, 13 de marzo de 2010
JUAN SANTOS ATAHUALPA
Guerrilero invicto del Gran Pajonal
Se conoce muy poco de los orígenes de Juan Santos Atahualpa, pero las investigaciones más consistentes indican que recibió educación formal en un seminario jesuita del Cusco. Además, él mismo afirmaba haber viajado a “Angola y a los Congos”, donde se habrían gestado sus ideas revolucionarias (Fernández y Brown, 2001). Aquí es importante señalar el impacto formador que habría tenido en Juan Santos la Compañía de Jesús, con sus criterios de organización comunitaria para los indígenas y su acción militante en defensa de sus ideas.
La descripción física más detallada que se tiene del Inca es la que proviene de Fray Santiago Vázquez de Caicedo, que viajó a Quisopango para conocer personalmente a quien los indígenas llamaban Juan Santos Atahualpa Apu Inca Huayna Cápac: “El cuerpo será del tamaño de Manuel Grande (éste es un negro corpulento que dio de limosna un bienhechor de Lima, para que acompañase a los padres misioneros, como esclavo de nuestras misiones de infieles); (…) tiene algún vello en los brazos, tiene muy poco bozo, luce bien rapado; en la barga tiene un pelo largo como cosa de tres dedos: es de buena cara; nariz larga y algo cava; color pálido amestizado; el pelo cortado por la frente hasta las cejas, y lo demás desde la quijada alrededor coletado; vestido con una cushma pintada o túnica de algodón…” (Fernández y Brown, 2001, p. 33).
Juan Santos, a diferencia de los incas de Vilcabamba o el Taqi Onqoy, realizaba su rebelión bajo el manto de la religión católica. Él mismo se declaraba cristiano y durante sus catorce años de lucha anticolonial siempre habló a favor de los jesuitas y estaba decidido a favorecer su labor educadora y evangelizadora. Por otro lado, la rebelión de Santos Atahualpa tuvo un fuerte carácter mesiánico. Entre la población estaba muy difundida la creencia de que un personaje providencial vendría a salvarlos; y Juan Santos tuvo la habilidad de ligar este mesianismo con su condición de Inca o descendiente de la nobleza inca, lo que le dio una doble aura de legitimidad frente a la masa indígena.
“En mayo de 1742, apareció Juan Santos en la reducción del Gran Pajonal, contigua al Cerro de la Sal, incitando a los indígenas a la rebelión para libertar al Perú del poder español. Fijó su cuartel general en Quisopango o Simaqui. El virrey del Perú, José Antonio Mendoza, ordenó iniciar operaciones militares para apresar a Juan Santos y liquidar la rebelión. Las tropas españolas decidieron entrar al territorio convulsionado por dos lados: Quimiri y Sonomoro para encerrar a Juan Santos y sus fuerzas. Estas, mediante ofensivas y constante hostigamiento desbarataron las acciones punitivas de los españoles.
“La segunda ofensiva española (1743) contra Quimiri también fue derrotada: igual suerte corrió la campaña virreinal de 1746 contra Nijandaris y Quimiri. La cuarta campaña realista (1750) contra Quimiri y Eneno también fue desbaratada.
“Las causas de esta dificultad pueden encontrarse en las persistentes rivalidades étnicas y familiares de la masa indígena, y en la política virreinal de clientelaje y privilegios que favoreció a las élites indígenas y a los colaboradores.
A partir de 1756, la rebelión había perdido ímpetu y ya no se tenían noticias del gran Señor Inca. ¿Qué pasó con él? Existen múltiples versiones: que desapareció delante de sus seguidores “echando humo”, que fue envenenado por uno de sus lugartenientes, que murió en el transcurso de una borrachera asháninka. Lo cierto es que incluso a fines del siglo XIX, los indígenas campa celebraban las glorias militares de Juan Santos, sacando en procesión su espada y realizando grandes fiestas; y que en pleno siglo XX, los indios del Huallpa y del Ucayali todavía creían que el Inca rebelde no había muerto, sino que volvería en algún momento, para voltear definitivamente el mundo a favor de la raza indígena.
BIBLIOGRAFÍA
Fernández, E. y Brown, M. (2001). Guerra de sombras. La lucha por la utopía en la Amazonía peruana. Lima: CAAAP, CAEA-CONICET.
Magisterio, Nº 21, marzo 2001, suplemento especial pág. V y VI.
miércoles, 10 de marzo de 2010
GRACO BABEUF
Francois Noel Babeuf, más conocido como Graco Babeuf, fue uno de los revolucionarios del siglo XVIII que más se acercó al socialismo científico desarrollado por Marx y Engels. A través de su periódico El Tribuno del Pueblo se encargó de denunciar la corrupción y absolutismo del gobierno francés que resultó de
Babeuf nació en Saint Quentin el 23 de noviembre de 1760. Proveniente de una familia modesta, vivía en una región agrícola donde el capitalismo comenzaba asentarse, por lo que “tuvo ocasión de sentir de cerca la miseria campesina de cuya injusticia hizo responsable al modo en que estaba organizada la propiedad privada” (1). Trabajó un tiempo como comisionado de tierras, algo similar a un agente de negocios de señores feudales; y luego, en 1780, se trasladó a París.
Fue testigo y partícipe de algunas jornadas de
En 1793 se refugió en París a causa de una negligencia en el ejercicio de sus funciones. En la capital francesa intensifica su actividad política y funda el periódico Defensor de la libertad de la prensa, que luego en 1794 pasaría a ser El Tribuno del Pueblo. Sobre este último, Babeuf menciona lo siguiente: “Quiero anunciar a través de él, al hombre que ocupa una tribuna, y en verdad una tribuna múltiple, para defender ante y contra todos, los derechos del pueblo” (3). En sus artículos, Babeuf criticaba al gobierno de Robespierre, al Directorio y a todos aquellos que formaban parte del gobierno francés y que, a pesar de toda su fraseología revolucionaria, en la práctica eran reaccionarios. Graco Babeuf tenía conciencia del valor del “arma infalible e irresistible de la prensa, con la cual debíamos caminar luego con paso seguro hacia el éxito completo de la recuperación de la libertad y de los derechos del hombre enajenados” (4). En El Tribuno del Pueblo, Babeuf firmaba con un seudónimo que se convirtió en su nuevo nombre y con el que pasaría a la historia: Graco Babeuf. Eligió este nombre debido a la gran admiración que sentía por los hermanos Graco Sempronio de
Al año siguiente, en 1795, funda junto a Felipe Buonarroti –nieto del pintor Miguel Ángel- el Club del Panteón, que agrupaba a varios personajes con ideas afines a los fundadores. Dicha organización tenía como “eje político” la defensa de la igualdad económica como base de la igualdad política (5). El Tribuno del Pueblo se convirtió en el órgano oficial del Club. El Directorio se alarmó por la gran acogida que tenía el Club del Panteón (a inicios de 1796 contaba con varias decenas de miles de simpatizantes) y ordenó su clausura. Los miembros del Club fueron perseguidos y tuvieron que esconderse por un tiempo.
“Arrojado a la clandestinidad, Babeuf se dedica en cuerpo y alma a la organización de un movimiento revolucionario de masas cuyo objetivo sería la conquista de París, primero, y el establecimiento en Francia, inmediatamente después, de una sociedad comunista: se trata de
Maréchal, uno de los miembros de
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“Pues bien, pretendemos, de ahora en adelante, vivir y morir iguales, como hemos nacido: queremos la igualdad real o la muerte, eso es lo que necesitamos.
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“No basta con que esta igualdad aparezca escrita en la declaración de los derechos del hombre y del ciudadano; la queremos entre nosotros, bajo el techo de nuestras casas. Estamos dispuestos a todo por ella, a arrasar con todo por alcanzarla. ¡Perezcan, si es preciso, todas las artes con tal que nos quede la igualdad real!” (8). Esta última proclama generó alguna objeciones al Manifiesto.
En otra parte de este texto se observa el germen de la idea del comunismo: “¡Nosotros vamos hacia algo más sublime, más equitativo, el bien común o la comunidad de bienes! Nada de propiedad individual de las tierras: la tierra no es de nadie. Reclamamos, queremos el goce común de los frutos de la tierra: los frutos son de todo el mundo” (9). Es por todas estas afirmaciones que Babeuf, principal ideólogo de
Como mencionamos líneas arriba, el Manifiesto de los Iguales no llegó a publicarse. En su lugar se publicó el Análisis de
“1. La naturaleza ha dado a todo hombre un derecho igual a disfrutar de todos los bienes.
“2. El objeto de la sociedad es la defensa de esta igualdad, a menudo atacada por el fuerte, e incrementar los medios de disfrute comunes.
“3. La naturaleza les impone a todos la obligación de trabajar, nadie puede evadirla sin cometer un crimen.
“4. El trabajo y el goce deben ser comunes.
“5. Existe la opresión cuando un hombre, después de cansarse trabajando, no obtiene nada mientras otros nadan en la abundancia sin haber hecho nada.
“6. Nadie, sin cometer un crimen, puede apropiarse de los resultados de la tierra.
“7. En una sociedad verdadera no debe haber ni ricos ni pobres.
“8. El rico que es incapaz de renunciar a sus excedentes a favor de los indigentes es enemigo del pueblo.
“9. Nadie debe ser capaz de privar a nadie de la educación esencial para su bienestar, educación que debe ser común.
“10. El objetivo es destruir toda desigualdad y establecer el bienestar de todos.
“11.
Graco Babeuf fue uno de los socialistas del siglo XVIII que no llegaron a liberarse de la utopía, del voluntarismo y del movimiento conspirativo. Sin embargo, Babeuf se distinguió de ellos porque pretendió poner en práctica –mediante
(1) Bravo, Pedro (1961). Socialismo premarxista. Caracas: Instituto de Estudios Políticos, Facultad de Derecho. Universidad Central de Venezuela, p. 19.
(2) Ídem.
(3) Babeuf, Graco (s. f.). “¿Por qué El Tribuno del Pueblo?”, En www.antorcha.net.
(4) Ídem.
(5) Sartelli, Eduardo (2009). “Babeuf, el hombre que quiso hacer popular
(6) Bravo, Socialismo premarxista. Edición citada, p.20.
(7) Conferencias obreras. Historia del movimiento obrero. En www.antorchacampesina.org.mx.
(8) Bravo, Ob. cit., pp. 27-28.
(9) Bravo, Ob. cit., p. 28.
(10) Bravo, Ob. cit., pp. 31-32.
BIBLIOGRAFÍA
- BRAVO, Pedro (1961). Socialismo premarxista. Caracas: Instituto de Estudios Políticos, Facultad de Derecho. Universidad Central de Venezuela.
- CIVERA, Marin (1963). El Marxismo. Origen y doctrina. México D. F.: UTEHA.
- ROSENTAL, M. M. (s. f.). Diccionario filosófico. Lima: Homo sapiens.
- EDICIONES URBION (1983). “
En
- BABEUF, Graco (2005). El Manifiesto de los plebeyos y otros escritos. Captura y diseño: Chantal López y Omar Cortés. Primera edición cibernética: junio del 2005. Consultado el 18.01.10. En www.antorcha.net.
- Conferencias obreras. Historia del movimiento obrero (Noviembre de 1985). Consultado el 18.01.10. En www.antorchacampesina.org.mx.
- SARTELLI, Eduardo (2009). “Babeuf, el hombre que quiso hacer popular
