sábado, 19 de junio de 2010

MANCO INCA


Manco Inca fue, así como Huáscar y Atahualpa, uno de los varios hijos principales que tuvo Huaina Cápac. En 1533, contando aproximadamente con 18 años de edad, se presentó ante Francisco Pizarro, quien lo reconoció como soberano y luego procedió a utilizarlo como inca títere durante tres años. A lo largo de este periodo, “… el joven Manco se esforzó por desempeñar del mejor modo posible su papel de inca fantoche, subordinado a los españoles. Pero esta actitud, en vez de granjearle el aprecio de los conquistadores, dio lugar a todo lo contrario: el joven inca fue sometido a graves humillaciones y pronto perdió el respeto de sus propios vasallos, los indios de la nobleza cusqueña” (Magisterio, 2001, p. II).





Pero Manco Inca no pensaba someterse más: para librarse de la vigilancia de los españoles, excitó la codicia de estos pidiéndoles permiso para traer unas estatuas de oro macizo que se encontraban en Lares. Una vez libre, junto con el Sumo Sacerdote Uillac Umo, organizó la toma del Cusco, que daría inicio a una resistencia armada de casi 36 años de duración.


El 3 de mayo de 1536, el Cusco amaneció cercado por unos cuarenta mil hombres provenientes de las zonas adyacentes del Cusco (Vega). “Durante un año tuvo en jaque a la guarnición española dirigida por los hermanos Hernando, Juan y Gonzalo Pizarro y estuvo a punto de aniquilarla. Una acción desesperada y el apoyo de cientos de indígenas salvó a los españoles” (Magisterio, 2001, p. II).
Efectivamente, auxiliadas por Pascac Inca y sus guerreros, y dirigidas bravíamente por Hernando Pizarro, las exiguas huestes españolas retomaron “a sangre y fuego” la fortaleza de Sacsayhuamán.


Se debe mencionar que en contra de Manco Inca y sus huestes obró la falta de alimento, creencias ancestrales que los españoles supieron aprovechar (los indios no luchaban en las noches) y el mayor conocimiento de tácticas de guerra que tenían los españoles. Además, los invasores contaron con el apoyo voluntario de aproximadamente 30 000 aliados indígenas (cañaris, Chachapoyas, tarmas, huancas, Yauyos y chancas), quienes más que luchar a favor de los españoles lo hacían en contra del inca, representante de un gobierno que antiguamente los había sojuzgado o había intentado hacerlo (Del Busto, Vega).


A partir del sitio al Cusco “… comenzó una vasta rebelión que duró 8 años ininterrumpidos y abarcó desde Guayaquil hasta la zona araucana del sur de Chile.


Se sublevaron los collas del altiplano, los yungas de la costa, los antis de la montaña y principalmente, los quechuas de la sierra” (Magisterio, 2001, p. II).


Durante este periodo de resistencia “… las derrotas ibéricas (…) fueron numerosas. Podrían relievarse las infringidas a Hernando Pizarro en Ollantaytambo y a Gonzalo Pizarro en Chuquillusca; y estas batallas no constituyeron la excepción. Manco venció a diversos jefes castellanos en Pillcosuni, Curahuasi, Jauja y Yeñupay” (Vega, p. XIII).

Por otro lado, después de las derrotas iniciales debido a la mejor tecnología bélica de los españoles, Manco Inca demostró una rápida capacidad de adaptación y comenzó a utilizar en los combates caballos, corazas, cascos y espadas españolas. “Incluso llegó a formar un pequeño equipo de quechuas arcabuceros y es posible que haya sido el primer jefe indígena del nuevo mundo que usó armas de fuego contra el invasor”(Magisterio, 2001, p. II).

A partir de 1537, Manco Inca se estableció en Vitcos, territorio de Vilcabamba. La elección de la zona obedeció a consideraciones estratégicas, políticas y religiosas. Además de su difícil acceso, era la región más sagrada del Tahuantinsuyu, situada entre Ollantaytambo y Machu Picchu. Desde allí, Manco Inca organizó numerosas incursiones destinadas a destruir las posiciones españolas.


“Tratando de aprovechar los enfrentamientos entre Pizarro y Almagro, Manco Inca dio refugio a los partidarios del derrotado Almagro el joven. Esto fue fatal para el inca, pues estos españoles fueron los que lo asesinaron en 1544” (Magisterio, 2001, p. II). Tal como señala Tauro Del Pino (2001), lo hicieron creyendo que con este acto conseguirían el perdón del virrey Núñez Vela. El inca ya había sido avisado de las intenciones de los traidores, pero nunca creyó que fuesen capaces de llegar a tal extremo de ingratitud. El asesinato se dio de manera sorpresiva en medio de un juego de competencias; sin embargo, los ingratos fueron capturados antes de que pudieran huir y sus cabezas decapitadas fueron presentadas al soberano, quien todavía sobrevivió tres días.


A pesar de la muerte de Manco Inca, la resistencia indígena continuó, liderada por su hijo Titu Cusi, y a la muerte de este, por otro hijo del Inca, Tupac Amaru. Este último fue capturado y decapitado en 1572, a partir de lo cual el movimiento indígena se replegó hasta que renació con la gran rebelión de Tupac Amaru II.


BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA


· Del Busto, J. (2004). Enciclopedia temática del Perú. Tomo 3: Conquista y Virreinato. Lima: El Comercio.

· Magisterio, número 21, marzo 2001.

· Tauro Del Pino, A. (2001). Enciclopedia ilustrada del Perú. Tomo 10. Lima: PEISA – El Comercio.

· Vega, J. (s.f.). Manco Inca, el gran rebelde. Lima: Populibros peruanos.

sábado, 13 de marzo de 2010

JUAN SANTOS ATAHUALPA

Guerrilero invicto del Gran Pajonal

Desde la penetración de los españoles en la selva peruana, se dieron varias rebeliones contra las misiones religiosas que pretendían “ganar almas” y condenaban las prácticas y creencias autóctonas. Después de sofocada la importante rebelión del cacique asháninka Ignacio Torote (1737), los misioneros pensaron que tendrían un largo periodo de paz para continuar con su labor de adoctrinamiento; pero no contaban con que los indígenas seguirían a un nuevo líder, que prometía devolverles su libertad y expulsar a los invasores abusivos y explotadores. Juan Santos Atahualpa logró levantar en armas a miles de indios campas, cunibos, shipibos, amages, andes, simirinches, piros, del Gran Pajonal y de las cuencas de los ríos Perené, Pichis y Tambo, utilizando tácticas guerrilleras que anticipaban la moderna guerra de guerrillas. Nunca fue derrotado ni capturado en su larga gesta rebelde.

Las primeras noticias de Juan Santos son de fines de mayo de 1742, cuando los asháninka que se encontraban en las misiones del río Perené reunieron sus pertenencias e informaron a los padres franciscanos que partían rumbo al Gran Pajonal para ver al Señor Inca, que se encontraba con su corte en Quisopango, bajo la protección del cacique Mateo Santabangori.

Se conoce muy poco de los orígenes de Juan Santos Atahualpa, pero las investigaciones más consistentes indican que recibió educación formal en un seminario jesuita del Cusco. Además, él mismo afirmaba haber viajado a “Angola y a los Congos”, donde se habrían gestado sus ideas revolucionarias (Fernández y Brown, 2001). Aquí es importante señalar el impacto formador que habría tenido en Juan Santos la Compañía de Jesús, con sus criterios de organización comunitaria para los indígenas y su acción militante en defensa de sus ideas.





La descripción física más detallada que se tiene del Inca es la que proviene de Fray Santiago Vázquez de Caicedo, que viajó a Quisopango para conocer personalmente a quien los indígenas llamaban Juan Santos Atahualpa Apu Inca Huayna Cápac: “El cuerpo será del tamaño de Manuel Grande (éste es un negro corpulento que dio de limosna un bienhechor de Lima, para que acompañase a los padres misioneros, como esclavo de nuestras misiones de infieles); (…) tiene algún vello en los brazos, tiene muy poco bozo, luce bien rapado; en la barga tiene un pelo largo como cosa de tres dedos: es de buena cara; nariz larga y algo cava; color pálido amestizado; el pelo cortado por la frente hasta las cejas, y lo demás desde la quijada alrededor coletado; vestido con una cushma pintada o túnica de algodón…” (Fernández y Brown, 2001, p. 33).

Juan Santos, a diferencia de los incas de Vilcabamba o el Taqi Onqoy, realizaba su rebelión bajo el manto de la religión católica. Él mismo se declaraba cristiano y durante sus catorce años de lucha anticolonial siempre habló a favor de los jesuitas y estaba decidido a favorecer su labor educadora y evangelizadora. Por otro lado, la rebelión de Santos Atahualpa tuvo un fuerte carácter mesiánico. Entre la población estaba muy difundida la creencia de que un personaje providencial vendría a salvarlos; y Juan Santos tuvo la habilidad de ligar este mesianismo con su condición de Inca o descendiente de la nobleza inca, lo que le dio una doble aura de legitimidad frente a la masa indígena.

“En mayo de 1742, apareció Juan Santos en la reducción del Gran Pajonal, contigua al Cerro de la Sal, incitando a los indígenas a la rebelión para libertar al Perú del poder español. Fijó su cuartel general en Quisopango o Simaqui. El virrey del Perú, José Antonio Mendoza, ordenó iniciar operaciones militares para apresar a Juan Santos y liquidar la rebelión. Las tropas españolas decidieron entrar al territorio convulsionado por dos lados: Quimiri y Sonomoro para encerrar a Juan Santos y sus fuerzas. Estas, mediante ofensivas y constante hostigamiento desbarataron las acciones punitivas de los españoles.





“La segunda ofensiva española (1743) contra Quimiri también fue derrotada: igual suerte corrió la campaña virreinal de 1746 contra Nijandaris y Quimiri. La cuarta campaña realista (1750) contra Quimiri y Eneno también fue desbaratada.

“En 1751, Juan Santos sale de su reducto selvático para ocupar Sonomoro, donde establece su cuartel general. Al año siguiente se adentra aún más en la sierra y toma Andamarca, poblado más cercano a Jauja. Con esta profunda incursión, Juan Santos pretendió motivar a las poblaciones serranas para que se levanten en insurrección, pero no logró sus objetivos, pese a que toda la sierra central y del norte, hasta Cajamarca, ardía en inquietud rebelde. Lo que sí logró fue simpatía por la causa, mas no un apoyo insurreccional efectivo.

“Las causas de esta dificultad pueden encontrarse en las persistentes rivalidades étnicas y familiares de la masa indígena, y en la política virreinal de clientelaje y privilegios que favoreció a las élites indígenas y a los colaboradores.





“Juan Santos tuvo que retirarse de Andamarca y replegarse a su territorio. Después de 1752, ya no realizó incursiones militares en la sierra” (Magisterio, Nº 21, marzo 2001).

A partir de 1756, la rebelión había perdido ímpetu y ya no se tenían noticias del gran Señor Inca. ¿Qué pasó con él? Existen múltiples versiones: que desapareció delante de sus seguidores “echando humo”, que fue envenenado por uno de sus lugartenientes, que murió en el transcurso de una borrachera asháninka. Lo cierto es que incluso a fines del siglo XIX, los indígenas campa celebraban las glorias militares de Juan Santos, sacando en procesión su espada y realizando grandes fiestas; y que en pleno siglo XX, los indios del Huallpa y del Ucayali todavía creían que el Inca rebelde no había muerto, sino que volvería en algún momento, para voltear definitivamente el mundo a favor de la raza indígena.

BIBLIOGRAFÍA

Fernández, E. y Brown, M. (2001). Guerra de sombras. La lucha por la utopía en la Amazonía peruana. Lima: CAAAP, CAEA-CONICET.

Magisterio, Nº 21, marzo 2001, suplemento especial pág. V y VI.

miércoles, 10 de marzo de 2010

GRACO BABEUF

Francois Noel Babeuf, más conocido como Graco Babeuf, fue uno de los revolucionarios del siglo XVIII que más se acercó al socialismo científico desarrollado por Marx y Engels. A través de su periódico El Tribuno del Pueblo se encargó de denunciar la corrupción y absolutismo del gobierno francés que resultó de la Revolución de 1789; y, a la vez, presentó en dicho periódico –con cada uno de sus artículos- su teoría revolucionaria, la misma que pretendió poner en práctica con la Conspiración de los Iguales.

Babeuf nació en Saint Quentin el 23 de noviembre de 1760. Proveniente de una familia modesta, vivía en una región agrícola donde el capitalismo comenzaba asentarse, por lo que “tuvo ocasión de sentir de cerca la miseria campesina de cuya injusticia hizo responsable al modo en que estaba organizada la propiedad privada” (1). Trabajó un tiempo como comisionado de tierras, algo similar a un agente de negocios de señores feudales; y luego, en 1780, se trasladó a París.

Fue testigo y partícipe de algunas jornadas de la Revolución francesa y espectador de la toma de la Bastilla. La experiencia de la revolución impactó en el joven Babeuf y generó que este regrese a su región natal para dedicarse a una intensa lucha política. Allí fundó el periódico Correspondant Picard (2), que marcaría su inicio en el periodismo. Fue censurado en poco tiempo por las ideas revolucionarias que exponía y por su oposición a Robespierre.

En 1793 se refugió en París a causa de una negligencia en el ejercicio de sus funciones. En la capital francesa intensifica su actividad política y funda el periódico Defensor de la libertad de la prensa, que luego en 1794 pasaría a ser El Tribuno del Pueblo. Sobre este último, Babeuf menciona lo siguiente: “Quiero anunciar a través de él, al hombre que ocupa una tribuna, y en verdad una tribuna múltiple, para defender ante y contra todos, los derechos del pueblo” (3). En sus artículos, Babeuf criticaba al gobierno de Robespierre, al Directorio y a todos aquellos que formaban parte del gobierno francés y que, a pesar de toda su fraseología revolucionaria, en la práctica eran reaccionarios. Graco Babeuf tenía conciencia del valor del “arma infalible e irresistible de la prensa, con la cual debíamos caminar luego con paso seguro hacia el éxito completo de la recuperación de la libertad y de los derechos del hombre enajenados” (4). En El Tribuno del Pueblo, Babeuf firmaba con un seudónimo que se convirtió en su nuevo nombre y con el que pasaría a la historia: Graco Babeuf. Eligió este nombre debido a la gran admiración que sentía por los hermanos Graco Sempronio de la Roma republicana.

Al año siguiente, en 1795, funda junto a Felipe Buonarroti –nieto del pintor Miguel Ángel- el Club del Panteón, que agrupaba a varios personajes con ideas afines a los fundadores. Dicha organización tenía como “eje político” la defensa de la igualdad económica como base de la igualdad política (5). El Tribuno del Pueblo se convirtió en el órgano oficial del Club. El Directorio se alarmó por la gran acogida que tenía el Club del Panteón (a inicios de 1796 contaba con varias decenas de miles de simpatizantes) y ordenó su clausura. Los miembros del Club fueron perseguidos y tuvieron que esconderse por un tiempo.

“Arrojado a la clandestinidad, Babeuf se dedica en cuerpo y alma a la organización de un movimiento revolucionario de masas cuyo objetivo sería la conquista de París, primero, y el establecimiento en Francia, inmediatamente después, de una sociedad comunista: se trata de la Conspiración de los Iguales” (6). Buonarroti, Darthé, Maréchal, Le Pelletier, entre otros, organizaron –junto a Babeuf- esta organización conspirativa, que pregonaba “la abolición radical de toda la propiedad privada” (7).



Maréchal, uno de los miembros de la Conspiración, se encargó de redactar el Manifiesto de los Iguales; sin embargo, dicho texto no llegó a publicarse debido a la represión del Directorio. El Manifiesto comienza exclamando que la igualdad es la primera promesa de la naturaleza, la primera necesidad humana y el principal nudo de toda asociación legítima. Pero la igualdad que pregonan los Iguales no es la igualdad ante la ley, igualdad burguesa, sino la igualdad real: “…la igualdad no fue otra cosa que una bella y estéril ficción de la ley…

…………………………………………………………………………………………………………………..

“Pues bien, pretendemos, de ahora en adelante, vivir y morir iguales, como hemos nacido: queremos la igualdad real o la muerte, eso es lo que necesitamos.

…………………………………………………………………………………………………………………..

“No basta con que esta igualdad aparezca escrita en la declaración de los derechos del hombre y del ciudadano; la queremos entre nosotros, bajo el techo de nuestras casas. Estamos dispuestos a todo por ella, a arrasar con todo por alcanzarla. ¡Perezcan, si es preciso, todas las artes con tal que nos quede la igualdad real!” (8). Esta última proclama generó alguna objeciones al Manifiesto.

En otra parte de este texto se observa el germen de la idea del comunismo: “¡Nosotros vamos hacia algo más sublime, más equitativo, el bien común o la comunidad de bienes! Nada de propiedad individual de las tierras: la tierra no es de nadie. Reclamamos, queremos el goce común de los frutos de la tierra: los frutos son de todo el mundo” (9). Es por todas estas afirmaciones que Babeuf, principal ideólogo de la Conspiración de los Iguales, es considerado el primer revolucionario comunista.

Como mencionamos líneas arriba, el Manifiesto de los Iguales no llegó a publicarse. En su lugar se publicó el Análisis de la Doctrina de Babeuf (Tribuno del pueblo, proscrito por el Directorio Ejecutivo por haber dicho la verdad). Entre otros puntos, dicho texto contiene los siguientes:

1. La naturaleza ha dado a todo hombre un derecho igual a disfrutar de todos los bienes.

“2. El objeto de la sociedad es la defensa de esta igualdad, a menudo atacada por el fuerte, e incrementar los medios de disfrute comunes.

“3. La naturaleza les impone a todos la obligación de trabajar, nadie puede evadirla sin cometer un crimen.

“4. El trabajo y el goce deben ser comunes.

“5. Existe la opresión cuando un hombre, después de cansarse trabajando, no obtiene nada mientras otros nadan en la abundancia sin haber hecho nada.

“6. Nadie, sin cometer un crimen, puede apropiarse de los resultados de la tierra.

“7. En una sociedad verdadera no debe haber ni ricos ni pobres.

“8. El rico que es incapaz de renunciar a sus excedentes a favor de los indigentes es enemigo del pueblo.

“9. Nadie debe ser capaz de privar a nadie de la educación esencial para su bienestar, educación que debe ser común.

“10. El objetivo es destruir toda desigualdad y establecer el bienestar de todos.

“11. La Revolución no ha terminado, porque los ricos absorben los bienes necesarios para la vida mientras los pobres son transformados en esclavos, languidecen en la miseria y cuentan como nada en la vida del Estado” (10).


La Conspiración de los Iguales fue desarticulada debido a la traición de uno de sus miembros: Georges Grisel, quien tenía contacto directo con uno de los miembros del Directorio termidoriano. Los miembros de la Conspiración fueron detenidos, entre ellos Graco Babeuf. A Felipe Buonarroti y otros los condenaron al exilio; mientras que Babeuf y Darthé fueron condenados a la guillotina. Al enterarse de la pena de muerte, los dos últimos intentaron suicidarse, pero fueron intervenidos por los guardias. El 27 de mayo de 1797, Graco Babeuf y Agustin Alexandre Darthé fueron decapitados en Vendome. Tiempo después, Georges Grisel fue asesinado de un balazo por el hijo mayor de Babeuf.

Graco Babeuf fue uno de los socialistas del siglo XVIII que no llegaron a liberarse de la utopía, del voluntarismo y del movimiento conspirativo. Sin embargo, Babeuf se distinguió de ellos porque pretendió poner en práctica –mediante la Conspiración de los Iguales- la teoría del socialismo. Sin duda, Graco Babeuf fue uno de los personajes revolucionarios de la historia que dio un gran aporte para que el socialismo se transforme en ciencia.

Notas

(1) Bravo, Pedro (1961). Socialismo premarxista. Caracas: Instituto de Estudios Políticos, Facultad de Derecho. Universidad Central de Venezuela, p. 19.

(2) Ídem.

(3) Babeuf, Graco (s. f.). “¿Por qué El Tribuno del Pueblo?”, En www.antorcha.net.

(4) Ídem.

(5) Sartelli, Eduardo (2009). “Babeuf, el hombre que quiso hacer popular la Revolución francesa”. En www.criticadigital.com.

(6) Bravo, Socialismo premarxista. Edición citada, p.20.

(7) Conferencias obreras. Historia del movimiento obrero. En www.antorchacampesina.org.mx.

(8) Bravo, Ob. cit., pp. 27-28.

(9) Bravo, Ob. cit., p. 28.

(10) Bravo, Ob. cit., pp. 31-32.

BIBLIOGRAFÍA

- BRAVO, Pedro (1961). Socialismo premarxista. Caracas: Instituto de Estudios Políticos, Facultad de Derecho. Universidad Central de Venezuela.

- CIVERA, Marin (1963). El Marxismo. Origen y doctrina. México D. F.: UTEHA.

- ROSENTAL, M. M. (s. f.). Diccionario filosófico. Lima: Homo sapiens.

- EDICIONES URBION (1983). “La Revolución francesa”. En Grandes momentos de la Historia Universal, Núm. 1.

En la Web:

- BABEUF, Graco (2005). El Manifiesto de los plebeyos y otros escritos. Captura y diseño: Chantal López y Omar Cortés. Primera edición cibernética: junio del 2005. Consultado el 18.01.10. En www.antorcha.net.

- Conferencias obreras. Historia del movimiento obrero (Noviembre de 1985). Consultado el 18.01.10. En www.antorchacampesina.org.mx.

- SARTELLI, Eduardo (2009). “Babeuf, el hombre que quiso hacer popular la Revolución francesa”. En Crítica de la Argentina (edición digital). 20.07.09. Consultado el 21.01.10. En www.criticadigital.com.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Personajes Revolucionarios de la Sociedad Universal

FEDERICO ENGELS

Federico Engels fue uno de los fundadores de la doctrina del proletariado: el materialismo dialéctico-histórico. Dedicó gran parte de su vida y todo su trabajo a la lucha revolucionaria del proletariado por la liberación de los trabajadores y por la sociedad sin clases. Siendo muy joven se dio cuenta de la injusticia presente en la sociedad; por ello se empeñó en investigar los motivos por los que se daba esta injusticia y en organizar al pueblo para eliminarla. Marx y Engels dieron una base científica al socialismo.Engels nació el 28 de noviembre de 1820, en la ciudad de Barmen, provincia renana del reino de Prusia. Fue hijo de un fabricante. En 1838, por motivos familiares y antes de terminar el liceo, se vio obligado a colocarse como dependiente en una casa comercial en Bruselas. Esto no impidió su preparación científica y política, la cual hizo de manera autodidacta.


Engels se hizo partidario de la doctrina de Hegel, que predominaba en la filosofía alemana de aquella época. Hegel planteaba que en el mundo transcurre un proceso constante de cambio y desarrollo. A pesar de que la doctrina de Hegel era idealista (ya que trataba del desarrollo del espíritu y de las ideas), era también revolucionaria, pues planteaba el cambio de las cosas. Las cosas no son inmóviles, absolutas, las cosas cambian constantemente, se desarrollan. Frente a la idea escolástica de que todo permanece estático, la doctrina de Hegel plantea un cambio constante de las cosas. Ahí residía su carácter revolucionario. Eso hizo que Marx y Engels tomaran la idea del perpetuo desarrollo y lo extendieran al análisis de la sociedad: “Si todo el mundo se desarrolla, si unas instituciones sustituyen a otras, ¿por qué han de perdurar eternamente la autocracia del rey prusiano o del zar ruso, el enriquecimiento de una minoría insignificante a expensas de la enorme mayoría, el dominio de la burguesía sobre el pueblo?” (Lenin, p. 41). Eso sí, desecharon todo el idealismo presente en la dialéctica de Hegel y le dieron una base materialista. A diferencia de Hegel y los hegelianos de izquierda, Marx y Engels se hicieron materialistas por influencia del filósofo alemán Ludwig Feuerbach, quien fue uno de los primeros en romper con la tradición idealista de la filosofía alemana. Sin embargo, el materialismo de Feuerbach era aún limitado: era un materialismo mecanicista. Así, Marx y Engels tomaron la dialéctica de Hegel, desechando su idealismo, y el materialismo de Feuerbach, eliminando su razonamiento mecánico; y analizaron la realidad desde una perspectiva dialéctica y materialista.


En 1842, Engels se trasladó a Manchester, Inglaterra, como empleado de una firma comercial de la que su padre era accionista. Allí recorrió los barrios donde se albergaba a los obreros y comprobó la miseria y las calamidades que padecían. Indignado por las escenas que presenció, se dedicó a analizar las causas de este hecho. Durante veintiún meses leyó y estudió minuciosamente todo sobre la clase obrera inglesa. Como resultado de este est
udio apareció, en 1845, su libro La situación de la clase obrera en Inglaterra. En este libro, Engels plantea dos ideas fundamentales: 1) El proletariado no solo constituye una clase que sufre, sino que justamente su situación económica le impulsa a luchar por su emancipación definitiva; y 2) El socialismo sólo se transformará en una fuerza cuando se convierta en el objetivo de la lucha política de la clase obrera (Cf. Lenin, p. 43). Este libro tiene una gran importancia por ser la primera obra económica de las escritas por Marx y Engels y por demostrar la importancia capital que tiene la economía política para el comunismo. Además, Engels, a pesar de ser menor que Marx, fue el primero de los dos en llamarse abiertamente comunista y en declarar la necesidad de una revolución para eliminar la propiedad privada.


En 1844, al pasar por París de regreso a Alemania, conoció a Marx personalmente, pues ya sostenía intercambio epistolar con él, quien, para entonces, ya se había hecho socialista por la influencia de los socialistas franceses. Al conocerse notaron la semejanza que había entre sus ideas. Allí comenzó una gran amistad y una sólida colaboración que perduró hasta la muerte. Ambos se complementaron perfectamente e iniciaron una relación amical en la que ninguno intentaba sobresalir más que el otro. Ambos sabían cuál era el lugar que ocupaban. Engels “poseía una cualidad esencial para mantener permanente intercambio con un hombre del temperamento de Marx: no procuraba competir con él, no mostraba deseo alguno de resistir el impacto de aquella personalidad poderosa, de conservar y retener una posición propia; por el contrario, ansiaba recibir de Marx todo su sustento intelectual, como un discípulo devoto, y recompensó al maestro con su juicio sano, su entusiasmo, su alegría y, finalmente, en el sentido más literal, proporcionándole medios de subsistencia en momentos de desesperada pobreza” (Berlin, p. 82). En la capital francesa, Marx y Engels escribieron el libro La Sagrada Familia o crítica de la crítica crítica. Esta obra es una crítica a las ideas de los hermanos Bauer y sus seguidores, conocidos como La Sagrada Familia, y contiene las bases del socialismo revolucionario-materialista. Al respecto, Stepanova menciona lo siguiente: “Al hacer la crítica de los conceptos idealistas y subjetivistas de los hermanos Bauer y sus correligionarios, que únicamente consideraban agentes de la historia a unos cuantos elegidos, Marx y Engels formularon una de las tesis principales del materialismo histórico, a saber: los auténticos artífices de la historia no son los ‘héroes’, sino las masas populares...En La Sagrada Familia se formula, ya casi ultimada, la concepción de Marx y Engels acerca de la misión histórica del proletariado. Contrariamente a los socialistas utópicos, que sólo veían en el proletariado una masa impotente y mártir, Marx y Engels consideraban que la clase obrera era una fuerza social capaz de llevar a cabo la transformación revolucionaria de la sociedad” (pp. 18-19).

De 1845 a 1847, Engels vivió en Bruselas y en París. A la vez que estudiaba diversos textos científicos, se dedicaba también al trabajo político con los obreros de dichas ciudades. En la primavera de 1847, Marx y Engels se afiliaron a una asociación clandestina alemana, la “Liga de los Comunistas”, y escribieron, a pedido de esta, el Manifiesto del Partido Comunista, publicado en 1848. “Esta obra expone, con una claridad y brillantez geniales, la nueva concepción del mundo, el materialismo consecuente aplicado también al campo de la vida social, la dialéctica como la más completa y profunda doctrina del desarrollo, la teoría de la lucha de clases y del papel revolucionario histórico mundial del proletariado como creador de una nueva sociedad, la sociedad comunista” (Lenin, p. 7).


La revolución de 1848, que se dio en Francia y luego se extendió a otros países, permitió a Marx y a Engels regresar a Alemania. Allí asumieron la dirección de la Nueva Gaceta del Rin, periódico de tendencia democrática que se publicaba en la ciudad de Colonia. Sin embargo, las fuerzas reaccionarias de Alemania hicieron que se suspenda su publicación. Marx fue expulsado del país y Engels huyó a Londres, después de participar en la insurrección armada del pueblo. Pero aún en el exilio, no abandonaron el trabajo revolucionario.

Luego, Marx fue a establecerse en Londres. Enge
ls se colocó nuevamente en la casa de comercio de Manchester para apoyar a Marx, que comenzaba a elaborar su máxima obra: El Capital. “Engels tenía plena conciencia de la extraordinaria importancia de esta obra de Marx. Se avino a tener que aceptar un trabajo terriblemente desagradable de oficinista en la firma comercial de la que era accionista su padre. Engels odiaba ese trabajo del comercio, al que llamaba maldito y de perros, a pesar de lo cual lo aceptó con el único fin de ayudar económicamente a Marx que atravesaba una situación material increíblemente difícil. Engels no sólo ayudaba a Marx con dinero; frecuentemente le escribía los artículos, hacía por él las traducciones o cualquier otro trabajo, facilitando así el trabajo de Marx” (Glasser, p. 26). Hasta 1870 Marx vivió en Londres y Engels en Manchester. Pero eso no impedía la comunicación entre ellos, pues mantenían correspondencia casi a diario. En sus cartas compartían sus ideas y conocimientos, continuando con la elaboración de la doctrina del socialismo científico. Ninguno de ellos se interesaba por los detalles de la vida privada del otro, sino que estaban completamente dedicados a la creación que venían llevando a cabo.

El 28 de setiembre de 1864, Marx fundó en Londres –y dirigió durante diez años- la Asociación Internacional de los Trabajadores, más conocida como la I Internacional. Al igual que la de Marx, la participación de Engels en esta asociación fue muy activa. La I Internacional unía a todos los trabajadores del mundo. Lamentablemente, en la década del setenta tuvo que disolverse, debido a la caída de la Comuna de París y a la escisión provocada por los bakuninistas. Después de la caída de la Comuna, la acción práctica y eficaz de la Internacional se vio cortada, lo cual impedía la movilización y dirección del movimiento obrero. Esto, a su vez, permitía que los bakuninistas dirijan la Asociación de acuerdo a sus intereses. Por todo esto, Marx tomó la decisión de disolver la I Internacional.

En 1870, Engels se trasladó a Londres y permaneció allí hasta 1883. Durante este periodo, Engels continuó con el trabajo revolucionario junto a su gran amigo. Y después de la muerte de Marx, acaecida en marzo de 1883, Engels siguió dirigiendo y orientando el movimiento obrero y apoyando a los socialistas europeos, a quienes les brindaba sus conocimientos y experiencias.

Desde 1870, Marx y Engels continuaron con la elaboración de conjunta de la doctrina del proletariado. De ello resultó de parte de Marx su mayor obra: El Capital. Marx publicó el primer tomo en 1867, pero falleció antes de publicar los tomos faltantes. Sin embargo, el libro ya estaba escrito en borrador, así que Engels se dedicó a publicarlo. En 1885 publicó el segundo tomo y en 1894 el tercero. Este fue, quizá, el mejor homenaje que Engels le rindió a su gran amigo y camarada.

En este mismo periodo, Engels publicó diversos trabajos. Entre ellos se encuentran los siguientes libros: Anti-Dühring (1878), obra polémica contra Dühring, donde “analiza los problemas más importantes de la filosofía, las ciencias naturales y la sociología” (Lenin, p. 45); El origen de la familia, de la propiedad privada y el Estado (1884), en el que analiza el desarrollo de la sociedad, desde las primeras formas de familia hasta la época del dominio capitalista. También se encuentran entre sus escritos Dialéctica de la Naturaleza (redactado entre 1873 y 1886 y publicado en 1925), Ludvig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana (1888), entre otros.

A pesar de la gran capacidad intelectual que poseía Engels, siempre se posponía a Marx: “Que antes y durante los cuarenta años de mi colaboración con Marx tuve una cierta parte independiente en la fundamentación, y sobre todo en la elaboración de la teoría, es una cosa que ni yo mismo puedo negar. Pero la parte más considerable de las principales ideas directrices, particularmente en el terreno económico e histórico, y en especial su formulación nítida y definitiva, corresponden a Marx. Lo que yo aporté –si se exceptúa, todo lo más, dos o tres ramas especiales- pudo haberlo aportado también Marx aún sin mí. En cambio, yo no hubiera conseguido jamás lo que Marx alcanzó” (Marx y Engels, p. 639). Ambos dedicaron toda su vida y todas sus energías a la lucha revolucionaria del proletariado. Por ello, son un gran ejemplo de que un objetivo trascendente, como es contribuir al derrocamiento del capitalismo y la liberación del proletariado, dejando de lado el individualismo burgués, puede generar los más altos niveles de camaradería y trabajo colectivo, sin que por esto se limite el desenvolvimiento individual. Ellos le dieron una base científica al socialismo y demostraron el papel activo del proletariado en la transformación revolucionaria de la sociedad.


BIBLIOGRAFÍA

- BERLIN, Isaiah (1964). Karl Marx. Buenos Aires: Sur.
- GLASSER, M. (2009). Cómo estudiaban Marx, Engels y sus discípulos. Lima: Ediciones de la Letra Escarlata.
- LENIN, V. I. (s. f.). Marx, Engels, marxismo. Moscú: Progreso.
- LORA CAM, José (1986). Filosofía. Anti-mitológica, anti-teológica, anti-hermenéutica. Lima: Juan Gutemberg.
- MARX, C. y ENGELS, F. (s. f.). Obras escogidas (un solo tomo). Moscú: Progreso.
- STEPANOVA, E. (s. f.). Carlos Marx. Esbozo biográfico. Moscú: Progreso.